Los primeros organismos unicelulares, en un intento de mejorar, se agregaron, se fusionaron en organismos pluricelulares. No tendrían utilidad nuestras neuronas, si no fuese por su trabajo en común, por su colaboración. Muchas de nuestras células, sencillamente, no existirían como tales sin el entorno del cuerpo: dependen de su comunidad.
Tiene sentido pensar que, cuando las amenazas a las que un organismo se enfrenta son mayores que él, colabore con otros para mejorar, para superarlas.
La cuestión, en mi opinión, es simple: ¿Esta sociedad moderna, nos anima a colaborar o a competir? El capitalismo busca el bien individual, la democracia dicta que la piel tenga tanta importancia como el cerebro. Competimos, y nos parece lo natural.
Pero, ahí fuera, todo en el universo nos puede matar. Hemos doblegado este mundo, pero a la vez hemos descubierto nuevas formas de ser destruidos, e incluso las hemos creado. Y parece que, sin una amenaza directa, se nos olvida que seguimos en la lucha por la supervivencia. Y la cuestión, en mi opinión, es simple: ¿Esta sociedad moderna, nos anima a colaborar o a competir? ¿Nos anima a sobrevivir (vivir), o a vivir "mejor" (por encima de los demás)? ¿Nos ayuda a organizarnos, a luchar como un solo organismo, con objetivos comunes para todas sus partes, o a luchar entre nosotros, como enemigos mutuos?
Luchando entre nosotros se nos olvida, siempre en mi opinión, que los grandes "enemigos" (no por voluntad, sino porque sus dimensiones los convierten en amenazas naturales) están ahí fuera. Y empiezo a dudar de si llegaremos a conocerlos, o destruiremos el mundo nosotros mismos antes de enfrentarnos a ellos.
sábado, 28 de abril de 2012
Camino hacia el conocimiento: Tenacidad.
"Nada es sencillo" Eso dice siempre Zeddicus Zu'l Zorander (Zed para los amigos). Sin duda uno de los personajes más interesantes que he tenido la suerte de conocer. Aquellos que hayan leído La espada de la verdad seguro que saben de lo que estoy hablando.
Cuando empecé a leer esa saga no entendía muchas cosas, y cuando entendía algo, al final este increible personaje decía otra sencilla oración que me dejaba completamente confundida. Cuando empecé a leer estos libros era una niña, o no tan niña tal vez, pero sí más que ahora, y no es una lectura para niños. Tardé un poco en darme cuenta.
Dentro de toda la fantasía, en nuestro viaje por las Tierras Medias, descubrimos que no hay nada sencillo. Creo que el autor supo reflejar perfectamente, en una interminable cadena de metáforas, unas cuantas realidades que aunque las tengamos en frente nos superan o nos son esquivas.
El complemento perfecto de la anterior oración de Zed: " if the road is easy, you're likely going the wrong way." Yo lo traduzco como "Si el camino es fácil, posiblemente estás llendo por el camino incorrecto".
Hay quien interpreta esto como si el pobre Richard tuviera que complicarse las cosas(más aún) para llegar a lograr su objetivo...En mi opinión lo que esto quiere decir es que el camino fácil no soluciona realmente las cosas, simplemente es un apaño provisional ante un problema....Y eso para un buscador de la Verdad es imperdonable, ¿no es así?
Siempre me vienen los diálogos entre Richard y Zed a la cabeza cuando tengo un problema y tengo ganas de quitármelo de encima como sea, lo más rápido posible, pero entonces me doy cuenta de que si hago eso puede salirme bien, o puede salirme mal y encontrarme después con que tengo que solucionar algo más complicado. Me viene también otra palabra a la cabeza: Persistencia.
La persistencia no lo es todo, es cierto, hace falta también habilidad y conocimiento para solucionar el problema, pero sin esa persistencia nos faltaría la clave para aumentar esas capacidades y así encontrar la solución. No se trata de, como un burro, darse de cabeza contra una pared de ladrillo y esperar que en alguna de esas aparezca la salida, sino de buscar el mazo que nos ayude a derribar ese muro que nos impide progresar. Después habríamos de golpear con él y si no consiguieramos vencer la barrera de esa manera, buscar otra solución. Si nos caemos cinco veces, levantarnos seis; si nos caemos siete veces, levantarnos ocho; si nos caemos nueve veces, levantarnos diez... Sólo de esta manera hemos podido progresar, aunque sea dando saltitos pequeños. Al igual que la tortuga, la de la fábula "La liebre y la tortuga", si vamos paso a paso podremos llegar al final, aunque el camino sea duro y parezca interminable.
Cuando empecé a leer esa saga no entendía muchas cosas, y cuando entendía algo, al final este increible personaje decía otra sencilla oración que me dejaba completamente confundida. Cuando empecé a leer estos libros era una niña, o no tan niña tal vez, pero sí más que ahora, y no es una lectura para niños. Tardé un poco en darme cuenta.
Dentro de toda la fantasía, en nuestro viaje por las Tierras Medias, descubrimos que no hay nada sencillo. Creo que el autor supo reflejar perfectamente, en una interminable cadena de metáforas, unas cuantas realidades que aunque las tengamos en frente nos superan o nos son esquivas.
El complemento perfecto de la anterior oración de Zed: " if the road is easy, you're likely going the wrong way." Yo lo traduzco como "Si el camino es fácil, posiblemente estás llendo por el camino incorrecto".
Hay quien interpreta esto como si el pobre Richard tuviera que complicarse las cosas(más aún) para llegar a lograr su objetivo...En mi opinión lo que esto quiere decir es que el camino fácil no soluciona realmente las cosas, simplemente es un apaño provisional ante un problema....Y eso para un buscador de la Verdad es imperdonable, ¿no es así?
Siempre me vienen los diálogos entre Richard y Zed a la cabeza cuando tengo un problema y tengo ganas de quitármelo de encima como sea, lo más rápido posible, pero entonces me doy cuenta de que si hago eso puede salirme bien, o puede salirme mal y encontrarme después con que tengo que solucionar algo más complicado. Me viene también otra palabra a la cabeza: Persistencia.
La persistencia no lo es todo, es cierto, hace falta también habilidad y conocimiento para solucionar el problema, pero sin esa persistencia nos faltaría la clave para aumentar esas capacidades y así encontrar la solución. No se trata de, como un burro, darse de cabeza contra una pared de ladrillo y esperar que en alguna de esas aparezca la salida, sino de buscar el mazo que nos ayude a derribar ese muro que nos impide progresar. Después habríamos de golpear con él y si no consiguieramos vencer la barrera de esa manera, buscar otra solución. Si nos caemos cinco veces, levantarnos seis; si nos caemos siete veces, levantarnos ocho; si nos caemos nueve veces, levantarnos diez... Sólo de esta manera hemos podido progresar, aunque sea dando saltitos pequeños. Al igual que la tortuga, la de la fábula "La liebre y la tortuga", si vamos paso a paso podremos llegar al final, aunque el camino sea duro y parezca interminable.
martes, 14 de febrero de 2012
Asexualidad
Antes de nada, decir que soy un caso particular de asexualidad. Mientras que la mayoría de asexuales son gente que no siente deseo sexual, de la misma manera que otros sienten deseo sexual hacia hombres o mujeres, yo he elegido, voluntariamente, mantenerme al margen de la cultura del sexo y del amor. Así que no soy el caso más común de asexual, ni mucho menos.
Acabo de decir que he hecho una elección. En efecto, creo que la orientación sexual se puede elegir. Por lo vivido, por lo visto, no me queda duda de que el hombre aprende el concepto de amor, y que del sexo natural (con objeto de procrear, instintivo) aprende el sexo por placer también.
Algo que se aprende, reside en el cerebro como ideas. El amor y el sexo por placer serían ideas, por tanto. Ideas que, como todo en nuestro plástico cerebro, se pueden cambiar, se pueden modificar (no hablo de lavarle el cerebro a alguien, hablo de alterarlas a voluntad). De la misma manera que cambias de opinión, o que aprendes a resolver una ecuación (y luego quizás aprendas a hacerlo por otros métodos), puedes aprender y olvidar el amor. Yo soy la prueba andante de ello, ya que he amado y desamado varias veces a voluntad (aunque, obviamente, solo me sirve de prueba a mí mismo).
Pero, ¿Por qué querer olvidarlo? En mi opinión, lo que importa de la gente son sus ideas. El amor es una manera restrictiva de estar con alguien, de apreciar sus ideas. Follando no se habla. Diciendo ñoñerías no se transmiten ideas. Besar es solo una manera socialmente aceptada de callarle la boca a alguien.
Así que, si algún día decido que aprecio a una persona, que tengo mucho que aprender de esa persona y de su forma de ser, no la amaré. Hablaré con ella, disfrutaré del tiempo que pasemos juntos, y eso será todo. Mientras haya algo que compartir. Sin que eso excluya a otras personas, sin corazoncitos, besos ni caricias, sin palabras románticas (bellas mentiras), sin Santos Valentinos, sin rupturas, declaraciones ni matrimonios... Sin amor, porque el amor me parece un insulto.
Permitir que una idea irracional te impida pensar claramente, acceder a tu razón y a tus ideas... Es como decir "Lo siento, pero mis ideas son demasiado buenas ti, es mejor que seamos carnales. Ahora cállate mientras te beso, porque lo que tengas que decir no me importa, solo quiero poseerte como un jarrón caro, como un juguete inútil".
Acabo de decir que he hecho una elección. En efecto, creo que la orientación sexual se puede elegir. Por lo vivido, por lo visto, no me queda duda de que el hombre aprende el concepto de amor, y que del sexo natural (con objeto de procrear, instintivo) aprende el sexo por placer también.
Algo que se aprende, reside en el cerebro como ideas. El amor y el sexo por placer serían ideas, por tanto. Ideas que, como todo en nuestro plástico cerebro, se pueden cambiar, se pueden modificar (no hablo de lavarle el cerebro a alguien, hablo de alterarlas a voluntad). De la misma manera que cambias de opinión, o que aprendes a resolver una ecuación (y luego quizás aprendas a hacerlo por otros métodos), puedes aprender y olvidar el amor. Yo soy la prueba andante de ello, ya que he amado y desamado varias veces a voluntad (aunque, obviamente, solo me sirve de prueba a mí mismo).
Pero, ¿Por qué querer olvidarlo? En mi opinión, lo que importa de la gente son sus ideas. El amor es una manera restrictiva de estar con alguien, de apreciar sus ideas. Follando no se habla. Diciendo ñoñerías no se transmiten ideas. Besar es solo una manera socialmente aceptada de callarle la boca a alguien.
Así que, si algún día decido que aprecio a una persona, que tengo mucho que aprender de esa persona y de su forma de ser, no la amaré. Hablaré con ella, disfrutaré del tiempo que pasemos juntos, y eso será todo. Mientras haya algo que compartir. Sin que eso excluya a otras personas, sin corazoncitos, besos ni caricias, sin palabras románticas (bellas mentiras), sin Santos Valentinos, sin rupturas, declaraciones ni matrimonios... Sin amor, porque el amor me parece un insulto.
Permitir que una idea irracional te impida pensar claramente, acceder a tu razón y a tus ideas... Es como decir "Lo siento, pero mis ideas son demasiado buenas ti, es mejor que seamos carnales. Ahora cállate mientras te beso, porque lo que tengas que decir no me importa, solo quiero poseerte como un jarrón caro, como un juguete inútil".
domingo, 22 de enero de 2012
Decidir. El valor de equivocarse y vivir.
Decisión, decidir. ¿Cómo una palabra puede implicar tanto? Bueno, no es la única, ¿verdad? En realidad seguramente la mayoría de las palabras que empleamos habitualmente tienen más significado del que somos capaces de entender. Sin embargo ésta en concreto afecta directamente a nuestra vida, a lo que es y lo que será, y según como se miré, también afecta a lo que fuimos, o más concretamente a la visión que podamos tener en un momento concreto de lo que fuimos.
A lo largo del día tomamos mil decisiones que sin saberlo pueden estar marcando el rumbo del resto del camino...Cada vez que me paro a pensar eso me maravillo y me asusto también de las implicaciones que pudiera tener. Muchas de ellas pueden parecer simples, sencillas, sin nada complejo tras ellas, pero en realidad ocultan un mundo. Otras que parecen complejas quizá sean más fáciles de lo que pensamos. Y la pregunta maldita, la que alguna vez nos ronda como un fantasma : ¿He elegido bien? ¿He hecho lo correcto? ¿De la otra manera hubiera sido mejor? Bueno, es difícil saber con certeza si la decisión tomada es la correcta o no, nunca pueden predecirse todas las consecuencias de una acción, sin embargo tampoco se puede vivir con el miedo y el fantasma de la duda. Una vez tomada la decisión no hay vuelta atrás. Quizá, si se ha cometido un error, pueda enmendarse, pero las consecuencias de dicha acción sucederán traten de evitarse o no, aun llevando a cabo otra acción para evitar las consecuencias, ya que esta a su vez tendrá las suyas... Un poco confuso, ¿no?
Tampoco podemos meditar cada mínima decisión durante horas, no viviríamos. Ante el miedo de equivocarnos en la vida acabaríamos por desperdiciarla. Esto no implica no tomarse el tiempo suficiente si así lo consideramos. Si fueramos de cabeza por la vida tendríamos que tener mucha suerte para evitar problemas.
La única posibilidad para no volverse loco y no liarla por el camino seguramente sea ser uno mismo, a fin de cuentas se trata de nuestra vida. Y si cometemos un error siempre podemos consolarnos pensando que hemos intentado hacer las cosas bien, hemos aprendido de ese fallo y la próxima vez que la vida nos ponga frente a una situación como esa sabremos cómo actuar. Y si aun así volvemos a cometer el mismo error (ya dicen que solo el ser humano tropieza dos veces con la misma piedra), podemos seguir adelante diciéndonos que vivir implica decidir, mejor o peor. En alguna de estas conseguiremos sortear algunas piedras del camino.
A lo largo del día tomamos mil decisiones que sin saberlo pueden estar marcando el rumbo del resto del camino...Cada vez que me paro a pensar eso me maravillo y me asusto también de las implicaciones que pudiera tener. Muchas de ellas pueden parecer simples, sencillas, sin nada complejo tras ellas, pero en realidad ocultan un mundo. Otras que parecen complejas quizá sean más fáciles de lo que pensamos. Y la pregunta maldita, la que alguna vez nos ronda como un fantasma : ¿He elegido bien? ¿He hecho lo correcto? ¿De la otra manera hubiera sido mejor? Bueno, es difícil saber con certeza si la decisión tomada es la correcta o no, nunca pueden predecirse todas las consecuencias de una acción, sin embargo tampoco se puede vivir con el miedo y el fantasma de la duda. Una vez tomada la decisión no hay vuelta atrás. Quizá, si se ha cometido un error, pueda enmendarse, pero las consecuencias de dicha acción sucederán traten de evitarse o no, aun llevando a cabo otra acción para evitar las consecuencias, ya que esta a su vez tendrá las suyas... Un poco confuso, ¿no?
Tampoco podemos meditar cada mínima decisión durante horas, no viviríamos. Ante el miedo de equivocarnos en la vida acabaríamos por desperdiciarla. Esto no implica no tomarse el tiempo suficiente si así lo consideramos. Si fueramos de cabeza por la vida tendríamos que tener mucha suerte para evitar problemas.
La única posibilidad para no volverse loco y no liarla por el camino seguramente sea ser uno mismo, a fin de cuentas se trata de nuestra vida. Y si cometemos un error siempre podemos consolarnos pensando que hemos intentado hacer las cosas bien, hemos aprendido de ese fallo y la próxima vez que la vida nos ponga frente a una situación como esa sabremos cómo actuar. Y si aun así volvemos a cometer el mismo error (ya dicen que solo el ser humano tropieza dos veces con la misma piedra), podemos seguir adelante diciéndonos que vivir implica decidir, mejor o peor. En alguna de estas conseguiremos sortear algunas piedras del camino.
domingo, 1 de enero de 2012
Filosofía y Ciencia
En general, la filosofía y la ciencia se encuentran fuertemente ligadas. La filosofía, a mi modo de ver, sirve para dar contexto a la ciencia, para, apoyándose en los descubrimientos de ésta, comparándolos y mezclándolos entre sus distintas ramas, ofrecernos una visión del mundo en conjunto.
Sobre todo para poder intuir, de alguna manera, aquellas figuras que parecen, casi por definición, esquivas e incomprensibles a ojos de la ciencia.
Y sin embargo, es la más desprestigiada e ignorada de las doctrinas. No solo no tiene el prestigio de cualquier otra ciencia, sino que cada vez tiene menos estudiosos y produce menos avances. Observamos en este mundo como el arte es reconocido, y como la ciencia avanza a pasos agigantados. Pero no oímos hablar de la filosofía.
Bien, el problema de la filosofía es en realidad simple (creo). Se trata de un problema de actitud.
Muchos ha dicho que el problema era la no utilidad de la filosofía. Y sin embargo el arte crece y se vuelve popular, siendo aun más inútil (con todo mi respeto).
No, es un problema de actitud. De la manera en la que desarrollamos la filosofía. Mientras que construimos la ciencia de manera "convergente", la filosofía se trabaja de forma "divergente". Me explico.
Cuando en ciencia alguien quiere realizar un estudio sobre un tema, primero se informa de los descubrimientos pasados relativos a la materia. Busca una zona "libre", donde no se haya estudiado, o donde el estudio sea poco relevante o de dudosa validez, y trabaja en ese fragmento, desarrollando su nueva teoría. Trabaja en base a lo que hicieron otros, con la confianza de que sus estudios eran correctos. Y como siempre hay alguien revisando también estos estudios, se tiene una base sólida sobre la que construir sólidamente.
Se avanza.
En filosofía, lamentablemente, la metodología es radicalmente distinta. Estudiamos la filosofía centrados, siempre, en las diferencias entre las filosofías de distintos autores. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, extrapolamos este sistema también a la creación, y aquí tenemos el anunciado problema.
Encontramos el orgullo en hacer una filosofía distinta, diferente y opuesta a la de otro, en vez de basarnos en sus ideas o revisarlas. Creamos teorías divergentes y contradictorias con lo ya establecido. Construimos nuevos cimientos constantemente, y en pocas ocasiones avanzamos sobre los cimientos ya existentes.
No avanzamos.
No sé si hay esperanza, si podemos cambiar esto. Confiar en las teorías de otra persona, cuando no tenemos pruebas de que sean correctas (porque no tiene sentido que las haya, por otra parte) es complicado. Pero lo que está matando a la filosofía, en mi humilde opinión, es el hecho de tener que redescubrir siempre todo por nosotros mismos. De no tener un abc que mostrar a la gente, una base sobre la que edificar el gran conocimiento del ser humano, sobre la que preguntarnos y respondernos, sobre la que avanzar.
Espero que algún día esto cambie. Sea porque cambiemos de actitud, y empecemos a apreciar más las ideas del otro, o porque hayamos descubierto los cimientos definitivos. Pero el avance de la filosofía es el avance del hombre, y necesitamos ganarnos otra vez nuestra propia confianza.
Sobre todo para poder intuir, de alguna manera, aquellas figuras que parecen, casi por definición, esquivas e incomprensibles a ojos de la ciencia.
Y sin embargo, es la más desprestigiada e ignorada de las doctrinas. No solo no tiene el prestigio de cualquier otra ciencia, sino que cada vez tiene menos estudiosos y produce menos avances. Observamos en este mundo como el arte es reconocido, y como la ciencia avanza a pasos agigantados. Pero no oímos hablar de la filosofía.
Bien, el problema de la filosofía es en realidad simple (creo). Se trata de un problema de actitud.
Muchos ha dicho que el problema era la no utilidad de la filosofía. Y sin embargo el arte crece y se vuelve popular, siendo aun más inútil (con todo mi respeto).
No, es un problema de actitud. De la manera en la que desarrollamos la filosofía. Mientras que construimos la ciencia de manera "convergente", la filosofía se trabaja de forma "divergente". Me explico.
Cuando en ciencia alguien quiere realizar un estudio sobre un tema, primero se informa de los descubrimientos pasados relativos a la materia. Busca una zona "libre", donde no se haya estudiado, o donde el estudio sea poco relevante o de dudosa validez, y trabaja en ese fragmento, desarrollando su nueva teoría. Trabaja en base a lo que hicieron otros, con la confianza de que sus estudios eran correctos. Y como siempre hay alguien revisando también estos estudios, se tiene una base sólida sobre la que construir sólidamente.
Se avanza.
En filosofía, lamentablemente, la metodología es radicalmente distinta. Estudiamos la filosofía centrados, siempre, en las diferencias entre las filosofías de distintos autores. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, extrapolamos este sistema también a la creación, y aquí tenemos el anunciado problema.
Encontramos el orgullo en hacer una filosofía distinta, diferente y opuesta a la de otro, en vez de basarnos en sus ideas o revisarlas. Creamos teorías divergentes y contradictorias con lo ya establecido. Construimos nuevos cimientos constantemente, y en pocas ocasiones avanzamos sobre los cimientos ya existentes.
No avanzamos.
No sé si hay esperanza, si podemos cambiar esto. Confiar en las teorías de otra persona, cuando no tenemos pruebas de que sean correctas (porque no tiene sentido que las haya, por otra parte) es complicado. Pero lo que está matando a la filosofía, en mi humilde opinión, es el hecho de tener que redescubrir siempre todo por nosotros mismos. De no tener un abc que mostrar a la gente, una base sobre la que edificar el gran conocimiento del ser humano, sobre la que preguntarnos y respondernos, sobre la que avanzar.
Espero que algún día esto cambie. Sea porque cambiemos de actitud, y empecemos a apreciar más las ideas del otro, o porque hayamos descubierto los cimientos definitivos. Pero el avance de la filosofía es el avance del hombre, y necesitamos ganarnos otra vez nuestra propia confianza.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Campaña cirquense.
Desde hace unos días, ya no hay quien encienda la televisión y la deje encendida más de cinco minutos. Recientemente ha comenzado la campaña electoral, en la cual los partidos políticos despliegan sus plumas de pavo real para encandilarnos de cara al veinte de noviembre para que votemos al que, presumiblemente, nos parezca el mejor partido: el que nos saque de todos nuestros problemas.
Cada vez que empieza la campaña electoral, recuerdo una frase que un hombre me dijo una vez: "Para mí, mi campaña electoral empieza cuando acaban las elecciones y termina cuando empieza la campaña electoral oficial". Y es que es así: ahora nuestros queridos políticos se matan por aparecer en los medios, por ser simpáticos, por ser carismáticos (o intentar serlo)... Por caer bien, en general. Viajan por España con discursos llenos de esperanza y motivación, repletos de promesas maravillosas con unas esperanzas de futuro alentadoras...
¿Dónde coño estaba todo eso antes de las elecciones?
Resulta más que evidente que la política española está mal: es vaga, incongruente, corrupta, sorda, egoísta... No se nos puede hacer creer que está bien. Y digo yo ¿creen que en un mes de incesante publicidad, de largos discursos esperanzadores, de carteles por todas la ciudad... pueden hacernos cambiar de opinión? Sinceramente: creo que nos toman por idiotas. Si, por ejemplo, el PSOE hubiera llevado acabo una política eficiente esta legislatura, el propio pueblo debería votarlo sin necesidad de sobrecargarlo con molestos eslóganes y pegatinas. Y pasa lo mismo por el otro lado: si el PP hubiera hecho una buena oposición velando por el beneficio del país en lugar de meter constantemente el dedo en el ojo, el pueblo sabría que es el partido al que hay que votar como alternativa a un gobierno que funciona.
Sin embargo, si los políticos nos tratan de idiotas es porque, en buena medida, lo somos. No hay más que ver lo que pasó con Camps: se le acusa de casos de corrupción y no solo no le echan, sino que se le vuelve a elegir como líder político. En España hay un gran problema: no se vota con el cerebro, sino con el corazón. ¿Quién no ha escuchado la famosa frase "¡Yo soy del PP de toda la vida!"? O del PSOE: me da igual. Si eres de un partido "De toda la vida" (Y no son pocos los que piensan así en España) da igual que tu partido haya promulgado la quema de vírgenes como festividad nacional: les vas a seguir votando.
Todo esto que escribo es, por supuesto, mi opinión: es bastante probable que me equivoque, pero como en este país está tan de moda hablar de lo que no se sabe, me aprovecho. Aún así, aunque me equivoque, hay una cosa de la que estoy absolutamente convencido: nos falta espíritu crítico. Nos cuesta pensar por nuestros propios medios: nos da pereza, ¡ya pensará otro por nosotros!. Y lo más gracioso es que, cuando recogemos el fruto de nuestra desidia intelectual, nos quejamos con una increíble indignación: ¿cuánta gente habrá que pasa totalmente de la política y después protesta furioso sobre lo mal que va el país? Si tan molesto nos resulta, hagamos algo por cambiarlo. Tengamos espíritu: pensemos, tomemos nuestras propias decisiones.No podemos exigir líderes inteligentes si no somos un pueblo inteligente.
Que no nos engañen con la campaña cirquense.
Que no nos engañen con la campaña cirquense.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Democracia
Todas las opiniones cuentan, todas valen lo mismo. Todos tenemos los mismos derechos y somo iguales ante la ley.
Las narices.
Pongo un ejemplo simple y rápido: Si alguien propone una ley por la cual se expropia de toda posesión al 20% de la población para pagar los impuestos y repartir entre los demás, y el otro 80% de la población se muestra de acuerdo (o al menos una parte superior al 50% del total), ¿es esta una ley democrática?
Lo es.
¿Es una ley correcta?
La democracia busca el bien para la mayoría, así que lo es.
¿Es una ley discriminatoria?
No realmente, la voz del 20% se escucha (y se ignora en favor de la del 80%).
¿Es una ley justa?
No lo creo.
El pueblo es borreguil, es tonto. Mayoritariamente tonto, al menos. Y basarnos en su decisión para gobernar, un grave error. Es (mayoritariamente) egoísta, tozudo, vengativo, inculto. Y ni mucho menos homogéneo, pues incluye desde el sabio hasta el criminal.
Reconoceré que es difícil la alternativa. Si el pueblo no gobierna, alguien gobierna. Y ese alguien puede ser aun más ceporro. Pero esto no significa que debamos conformarnos con la tiranía del pueblo.
Yo digo que montemos una sofocracia. Solo por el nombre. Que busquemos el gobierno de los sabios. Aunque luego para decidir quién es sabio se utilice la democracia. Pero no podemos negar que hay gente por encima, y gente por debajo.
Debemos consensuar, decidir quién es superior, y darle la dirección. Al más capaz, al más experimentado, al más justo (no solo los títulos hacen la sabiduría).
No es fácil, pero es justo. Si realmente el pueblo fuese lo suficientemente inteligente como para gobernar...
...¿para qué íbamos a necesitar un gobierno?
Las narices.
Pongo un ejemplo simple y rápido: Si alguien propone una ley por la cual se expropia de toda posesión al 20% de la población para pagar los impuestos y repartir entre los demás, y el otro 80% de la población se muestra de acuerdo (o al menos una parte superior al 50% del total), ¿es esta una ley democrática?
Lo es.
¿Es una ley correcta?
La democracia busca el bien para la mayoría, así que lo es.
¿Es una ley discriminatoria?
No realmente, la voz del 20% se escucha (y se ignora en favor de la del 80%).
¿Es una ley justa?
No lo creo.
El pueblo es borreguil, es tonto. Mayoritariamente tonto, al menos. Y basarnos en su decisión para gobernar, un grave error. Es (mayoritariamente) egoísta, tozudo, vengativo, inculto. Y ni mucho menos homogéneo, pues incluye desde el sabio hasta el criminal.
Reconoceré que es difícil la alternativa. Si el pueblo no gobierna, alguien gobierna. Y ese alguien puede ser aun más ceporro. Pero esto no significa que debamos conformarnos con la tiranía del pueblo.
Yo digo que montemos una sofocracia. Solo por el nombre. Que busquemos el gobierno de los sabios. Aunque luego para decidir quién es sabio se utilice la democracia. Pero no podemos negar que hay gente por encima, y gente por debajo.
Debemos consensuar, decidir quién es superior, y darle la dirección. Al más capaz, al más experimentado, al más justo (no solo los títulos hacen la sabiduría).
No es fácil, pero es justo. Si realmente el pueblo fuese lo suficientemente inteligente como para gobernar...
...¿para qué íbamos a necesitar un gobierno?
viernes, 21 de octubre de 2011
Verdad
Me resulta fascinante el punto al que hemos llegado últimamente. Parece que se está poniendo de moda, cada vez más, el "tal vez tengamos todos razón, en cierta medida". Me parece increíble poder decir que personas que dicen cosas contrarias, no deberían discutir porque "todos tenemos razón". Es realmente curioso.
Hay mil definiciones de verdad. En general, yo suelo definir como verdadero "aquellos que es conforme a la realidad". Si yo digo que llueve, y realmente llueve, entonces es verdad. La pregunta ahora es: ¿cuántas realidades hay?
Bien, hay una sola realidad. Es cierto que cada uno podemos ver nuestro propio reflejo de la realidad, pero si podemos predecir lo que pasará (ciencia), es porque son todos reflejos provenientes de la misma realidad. Y por tanto, hay una sola verdad.
No se me confunda, una sola verdad es una sola idea, pero puede tener asociadas múltiples formas de expresarla. Y aquí viene el problema, creo yo.
Si yo digo "Hoy llueve", y tú dices "Hoy llueve", estamos diciendo las mismas palabras. Pero si tú vives en Canadá y yo en España, puede ser que tus palabras expresen una verdad y las mías una mentira. Y puede ser que yo diga "Llueve", tú digas "No llueve", y los dos tengamos razón. Aparentemente contradictorio, pero cierto en ambos casos. Así que quizás, si yo digo "Fascismo" y tú dices "República", los dos tengamos razón.
Pues no.
El idioma que manejamos resume una realidad compleja. Y resume mucho. Porque "Hoy llueve" implica que llueve aquí, ahora, considerando lluvia a partir de un cierto número de gotas... Así que "Llueve" y "No llueve" no son necesariamente contradictorios. Si uno significa "Hoy llueve en Pamplona" y otro "Hoy no llueve en París", son dos ideas independientes, que se refieren a dos fragmentos igualmente independientes de la realidad.
Así que, en resumen, pido respeto por las ideas. Lo siento mucho, pero dos ideas contradictorias no pueden ser verdad a la vez. Otra cosa es que debamos ser, o bien más precisos en el lenguaje, o bien más estrictos a la hora de decidir qué es o no contradictorio. Pero hay verdades y hay mentiras. Y por muy bonita que sea la democracia, el hecho de votar las frases no cambiará el hecho de que, si yo digo "A", tú "no A y además B", y el otro "ni A ni B, sino que C", probablemente, solo uno tenga razón.
O ninguno.
Hay mil definiciones de verdad. En general, yo suelo definir como verdadero "aquellos que es conforme a la realidad". Si yo digo que llueve, y realmente llueve, entonces es verdad. La pregunta ahora es: ¿cuántas realidades hay?
Bien, hay una sola realidad. Es cierto que cada uno podemos ver nuestro propio reflejo de la realidad, pero si podemos predecir lo que pasará (ciencia), es porque son todos reflejos provenientes de la misma realidad. Y por tanto, hay una sola verdad.
No se me confunda, una sola verdad es una sola idea, pero puede tener asociadas múltiples formas de expresarla. Y aquí viene el problema, creo yo.
Si yo digo "Hoy llueve", y tú dices "Hoy llueve", estamos diciendo las mismas palabras. Pero si tú vives en Canadá y yo en España, puede ser que tus palabras expresen una verdad y las mías una mentira. Y puede ser que yo diga "Llueve", tú digas "No llueve", y los dos tengamos razón. Aparentemente contradictorio, pero cierto en ambos casos. Así que quizás, si yo digo "Fascismo" y tú dices "República", los dos tengamos razón.
Pues no.
El idioma que manejamos resume una realidad compleja. Y resume mucho. Porque "Hoy llueve" implica que llueve aquí, ahora, considerando lluvia a partir de un cierto número de gotas... Así que "Llueve" y "No llueve" no son necesariamente contradictorios. Si uno significa "Hoy llueve en Pamplona" y otro "Hoy no llueve en París", son dos ideas independientes, que se refieren a dos fragmentos igualmente independientes de la realidad.
Así que, en resumen, pido respeto por las ideas. Lo siento mucho, pero dos ideas contradictorias no pueden ser verdad a la vez. Otra cosa es que debamos ser, o bien más precisos en el lenguaje, o bien más estrictos a la hora de decidir qué es o no contradictorio. Pero hay verdades y hay mentiras. Y por muy bonita que sea la democracia, el hecho de votar las frases no cambiará el hecho de que, si yo digo "A", tú "no A y además B", y el otro "ni A ni B, sino que C", probablemente, solo uno tenga razón.
O ninguno.
lunes, 10 de octubre de 2011
Metáfora del Laberinto
Hace tiempo que visioné por tercera o cuarta vez Harry Potter y el Cáliz de Fuego. En cierta escena, me fijé en una frase que me llamó bastante la atención. Puede sonar a nimiedad, pero a mí me la llamó. Dice así: "En el laberinto, no hallaréis ni dragones ni criaturas abisales. Aún así, os enfrentaréis a algo más desafiante. Las personas cambian en el laberinto. (...) Estad atentos, pues os podríais perder en él."
El asunto es que me llamó la atención cuando me puse a cavilar sobre la frase. Llegué a la conclusión de que el laberinto, es, a mi parecer, una métafora perfecta de la vida. En la vida, a lo que nos enfrentaremos -si es que ya no lo hemos hecho-, y a lo que "deberíamos" tener más miedo es a los cambios de las personas. Eso sí que pasa, por desgracia. Las personas cambian, al igual que la vida. Y no, no estoy en contra de los cambios. El problema viene cuando se cambia a peor.
Y, es cierto también eso de que nos podríamos perder, por lo que hay que estar atentos. Aunque la vida nos despiste, que es natural, debemos ser cautos en cuanto a lo que pueda pasar. No hay por qué desconfiar, sólo andar con cuidado, para que no nos hagan daño.
Por tanto, recapitulando, la frase mencionada inicialmente, si la "versionamos", nos quedaría así: "En la vida, hallaréis cosas que os asusten. Aún así, os enfrentaréis a algo más desafiante. Las personas cambian en la vida. (...) Estad atentos, pues os podríais perder en ella."
En suma, que debemos estar prevenidos para lo que venga. No podemos conocer el futuro, pero es parte de nosotros mismos. Así que más vale “preventar que lamenir”. Pero no por ello deberíamos tener miedo.
Responsabilidad genética
Hoy en día estamos obsesionados con que toda la gente sea igual. Todos debemos tener los mismos derechos, las mismas oportunidades. Todos creemos que nuestras ideas son las correctas, y todos debemos tener la posibilidad de educar a un hijo con esas ideas.
Hasta aquí puedo entenderlo (aunque no lo comparta).
Sin embargo, seguimos considerando a nuestros descendientes como un trozo de carne y huesos. ¿Que no es cierto? En ese caso que alguien me explique porqué tenemos esa obsesión porque nuestros hijos lleven "nuestra misma sangre", porque sean nuestros descendientes genéticos. Con las ideas y la educación lo puedo comprender, pero, ¿acaso creemos que nuestros genes son los mejores?
Conozco poca gente que se sienta extremadamente orgullosa de su genética. A día de hoy, la mayoría tenemos casos de enfermedades hereditarias en la familia, somos portadores de propensión a x, y necesitamos de la medicina para sobrevivir. Es ridículo que nos empeñemos en propagar esta maldición genética.
En mi humilde opinión, y a la vista de la superpoblación que asola al mundo y de la patente incapacidad del hombre "civilizado" para gestionar sus recursos, éste es el momento. El momento de que seamos conscientes de nuestra responsabilidad genética, de que los genes que decidamos dar en herencia a nuestros hijos marcarán a millones de personas en el futuro.
No pido que la gente deje de tener hijos. Pido que, aquellos como yo conscientes de nuestras taras, dejemos de tener descendientes biológicos, y que aquellos conscientes de su fortuna genética, los tengan (incluso a través de la donación, que hoy no supone ninguna dificultad técnica).
Existen en el mundo suficientes niños sufriendo la pobreza y la orfandad, y ellos sí que merecen la posibilidad de recibir una educación decente, como para que les neguemos su oportunidad por un miserable capricho.
Hasta aquí puedo entenderlo (aunque no lo comparta).
Sin embargo, seguimos considerando a nuestros descendientes como un trozo de carne y huesos. ¿Que no es cierto? En ese caso que alguien me explique porqué tenemos esa obsesión porque nuestros hijos lleven "nuestra misma sangre", porque sean nuestros descendientes genéticos. Con las ideas y la educación lo puedo comprender, pero, ¿acaso creemos que nuestros genes son los mejores?
Conozco poca gente que se sienta extremadamente orgullosa de su genética. A día de hoy, la mayoría tenemos casos de enfermedades hereditarias en la familia, somos portadores de propensión a x, y necesitamos de la medicina para sobrevivir. Es ridículo que nos empeñemos en propagar esta maldición genética.
En mi humilde opinión, y a la vista de la superpoblación que asola al mundo y de la patente incapacidad del hombre "civilizado" para gestionar sus recursos, éste es el momento. El momento de que seamos conscientes de nuestra responsabilidad genética, de que los genes que decidamos dar en herencia a nuestros hijos marcarán a millones de personas en el futuro.
No pido que la gente deje de tener hijos. Pido que, aquellos como yo conscientes de nuestras taras, dejemos de tener descendientes biológicos, y que aquellos conscientes de su fortuna genética, los tengan (incluso a través de la donación, que hoy no supone ninguna dificultad técnica).
Existen en el mundo suficientes niños sufriendo la pobreza y la orfandad, y ellos sí que merecen la posibilidad de recibir una educación decente, como para que les neguemos su oportunidad por un miserable capricho.
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